Una sociedad necesariamente “escolarizada” no admite, al parecer, la pregunta por el sentido del estudio universitario. La organización de la sociedad, la socialización, el estatus social, deseos de ascenso social, de prestigio, etc., corresponden previamente a esta pregunta.
Con todo, estas condiciones previas del estudio universitario no son suficientes para dar respuesta a la pregunta por el sentido del estudio universitario. Pues el sentido del estudio universitario no se agota ni puede agotarse en la formación profesional. El saber mismo se transmite en la universidad, por estático que sea, esto es, por repetición de saberes logrados por otros que sea, exige una superación de ese saber mismo, es decir, contiene una dinámica que sobrepasa los límites de la simple formación profesional. El saber no se satisface con lo logrado, el saber consiste también en ponerse permanentemente en tela de juicio. El saber que no se pone en tela de juicio se convierte en dogma y el dogma, entiéndase por tal opinión o artículo de fe, petrifica el saber, lo esteriliza.
Cierto es que la dinámica del saber exige condiciones institucionales que permitan su desarrollo. Con estas palabras, esta dinámica del saber exige una universidad cuyo objetivo sea no solo el de la formación profesional si no el de la creación y producción de saberes y de nuevos planteamientos. Esto último contribuye a su vez a una mejor formación profesional, pues el profesional que durante su formación participa de la creación y producción de saber, transmite esa dinámica a la sociedad misma y cumple así con una de las tareas del universitario, esto es, la de servir al mejoramiento y adelanto de la sociedad. Mejoramiento y adelanto que no fomenta el saber estático y petrificado, el dogma o la simple opinión. El subdesarrollo de los países de la lengua española no se debe sola y exclusivamente a la “dependencia” económica y al “imperialismo”. Estos, dependencia económica e imperialismo, tienen su correlato en las condiciones estáticas, dogmáticas, “inmovilistas”, intelectualmente improductivas o simplemente receptivas. Y estas sociedades son a su vez el producto histórico del catolicismo de la contrarreforma, del “misoneísmo” eclesial, del temor del dogma a ser puesto en tela de juicio por los saberes modernos y por la razón. El mismo poder de la iglesia que cerró las puertas a los países hispánicos a la marcha de la historia; que los encero en una larga noche de dogmatismo y primitivización del pensamiento, debilito las instituciones estatales y fomento esa especie de irresponsabilidad civil pintorescamente se le llama y se la célebre como la “picaresca” hispánica.
Este cuño histórico ha afectado consecuentemente de manera profunda la vida social, política y cultural de los países de la lengua española. La picaresca, esto es, la simulación, el engaño, los trucos, las mentirillas, que según E. Gofmann forman parte de la “presentación del yo en la vida cotidiana”, no encuentran en los países hispánicos los controles y el equilibrio que tienen en sociedades secularizadas y se han convertido en un obstáculo casi sustancial de la formación de una ética colectiva de la responsabilidad. Y aunque el poder espiritual de la iglesia ha disminuido considerablemente, no han perdido su vigencia las “picarescas” que este engendro en todos los niveles de la vida social.
La falta de una ética colectiva de la responsabilidad, esto es, la ausencia de una conciencia racional que someta los egoísmos propios de la sociedad burguesa y los ponga al servicio de la sociedad, o si se quiere decir paradójicamente, que dinamice los egoísmos en beneficio de la comunidad para que se satisfaga mejor el egoísmo; esta ausencia de una ética tal, influye necesariamente en la organización y configuración de las instituciones más importantes de una sociedad: en las instituciones educativas. Y esto no se reduce solamente a la concepción de las instituciones educativas – de enseñanza secundaria o universitaria – como una empresa fundada curiosamente en el derecho de los padres para educar a sus hijos según sus creencias y en la interpretación hoy anacrónica de la “iniciativa privada”. Esta ausencia de una ética colectiva de las instituciones educativas: la relación del profesor con la universidad, la de la universidad con el profesor, y la de la universidad y el profesor con los estudiantes.
Esta relación múltiple esta socavada por una múltiple irresponsabilidad. Por la irresponsabilidad del estado en primer lugar, que no solamente no supo ni quiso hacer valer el derecho en todo Estado moderno, esto es, el del monopolio de la educación, que implica a su vez la obligación de garantizar la libertad económica e intelectual de los docentes, sino que ha contribuido por condescendencia a minar y a invalidar ese derecho y esa obligación.
La justificación en este estado “liberal” de tal renuncia mediante el argumento de que el sistema universitario inglés y norteamericano se funda en tal “libertad” o en la “iniciativa privada” es históricamente abstracto, pues no tiene en cuenta que Inglaterra y Estados Unidos derivan esa libertad de una ética protestante de la responsabilidad, de una ética colectiva, que genero diversas posibilidades de canalizar los egoísmos en beneficio de la comunidad. Por otra parte, quienes arguyen el modelo universitario norteamericano (German Arciniegas, o el creador del Icetex, Gabriel Betancourt Mejía, entre tantos mas) operan ingenuamente con la creencia de que la supresión de los síntomas, es decir, en el caso colombiano y latinoamericano, la improductividad científica de las universidades, mediante la implantación de formas externas de la organización universitario, basta para suprimir las causas de esa improductividad. Tal no es el caso. Entre los miles de ejemplos que acabe de citar para poner de presente esta irresponsable ingenuidad, ejemplos que cabe citar para poner de presente esta irresponsable ingenuidad, cabe recordar el del director del departamento de humanidades de la universidad más norteamericana de Colombia, quien para defender a un colega importado por esa universidad, asegura que quien lo critica recurre a un viejo argumento colombiano, esto es, el de atacar a la persona para invalidar sus “teorías”, y como “humanista” no sabe que ese argumento que no usa el crítico, no es un viejo argumento colombiano, sino un argumento de la teoría forense romana y que se llama “argumentum ad hominem”.
Cualquier alumno de Paul Oskar kristeller de la universidad de Columbia, cualquier director norteamericano de un departamento de humanidades sabría de sobra que este argumento es solo una parte del sistema retorico descrito por Quintiliano. Pero ¿sabe el director del departamento de humanidades de la universidad norteamericana de Colombia fue Quintiliano?.
A la irresponsabilidad del estado se agrega la irresponsabilidad del profesor ¿Qué son humanidades? Cabría preguntar, para seguir con el ejemplo, es decir, ¿Qué concepto de humanidades trasmite a sus alumnos este peculiar humanista? La pregunta puede contemplarse con una lista impresionante de sabios profesores universitarios colombianos. Cabe recordar algunos como un filósofo del derecho, quien critico católicamente a Hans Kelsen y quien con duce ingenuidad confesaba que le había comunicado a Kelsen esa crítica, “pero Kelsen no me contesto”. Del presente es mejor no hablar explícitamente, para no escandalizarse ante el peculiar conocimiento de las ciencias, que enseñan a grandes figuras del profesorado universitario colombiano, inéditos muy frecuentemente y, sobretodo, desconocidos más allá de las fronteras del país en la mayoría de los casos. Pero esta irresponsabilidad del profesor no es imputable sola y exclusivamente a él. Antes por el contrario. El estado y la universidad, especialmente la privada, no han sabido dar al profesor la dignidad social que merece y los medios de seguridad y libertad personales que requiere para dedicarse exclusivamente a la investigación y la docencia. Sin garantías suficientes para que quien tiene vocación docente se realice y sirva a la sociedad eficientemente sin determinadas exigencias científicas para seguir la carrera de profesor y para que esta sea una carreara al mismo nivel económico y social que la del industrial o el banquero, por ejemplo, no solo no se puede exigir responsabilidad, sino que se fomenta la irresponsabilidad del profesor.
Rafael Gutiérrez Girardot (hispanoamerica: imágenes y perspectivas)
COLECTIVO ESTUDIANTIL ANDO-ENDO
"Creando lazos entre UNiversidad y sociedad"


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