domingo, 17 de julio de 2011

Fragmento Universidad y Sociedad.



          El sistema educativo colombiano está determinado por la deformación del principio liberal de la “iniciativa privada”, complementado por una abreviada interpretación de la “liberación de enseñanza” que fomenta el egoísmo, profundiza de manera arrogante la “división” de las clases sociales e inculca en los privilegiados –y consecuentemente, en los no privilegiados- la ambición del enriquecimiento fácil y rápido. ¿Cómo han de sorprender la mafia y los demás fenómenos de delincuencia como el secuestro etc., es decir, modos de enriquecerse fácil y rápidamente, si el sistema educativo de la “libertad de enseñanza” y de “iniciativa privada” enseñan a enriquecerse rápida, fácil y desconsideradamente? Para los no privilegiados, la educación de los hijos es un peso, un “sacrificio”. ¿Cómo esperar que esa mayoría tenga una imagen cabal de lo que es una universidad, de lo que una universidad puede lograr para la pacificación, la libertad, la justicia social y el mejoramiento y sostenimiento de estos bienes? Para una sociedad cuyo sistema educativo se asemeja cada vez más a los anacrónicos clubs, la universidad solo puede tener una función marginal y parcial: la de corresponder a las necesidades simplemente mercantiles de los ambiciosos de enriquecimiento. Ellos no pueden saber –y posiblemente no quieren saber- que la primera condición para el enriquecimiento de un país es una universidad autónoma, en la que una industria, consiente de su papel en la sociedad moderna, solo tiene una tarea: la de fortalecer  esa autonomía y la “libertad de enseñanza” por medio de donaciones. La autonomía universitaria y la “libertad de enseñanza” – no la de fundar colegios y universidades – son los presupuestos para que la universidad produzca patentes, inventos y clarificaciones, es decir, para que cumpla con su tarea social. La “producción” científica tiene leyes propias que no pueden ser sometidas a necesidades mercantiles inmediatas sin que dichas leyes se supriman automáticamente.

El respeto a la autonomía universitaria y a la libertad de enseñanza son las primeras condiciones a esbozar en “sistema educativo” adecuado a la tarea y función de la universidad en una sociedad democrática, es decir, un sistema educativo que ponga el acento no en el lucro, si no en la preparación eficiente –no en la producción de cartones- de los diversos profesionales que requiere la sociedad. Este sistema educativo no será posible mientras la sociedad y las instituciones que la rigen no abandonen los supuestos dogmáticos de sus concepciones de una vida social y cultural, mientras se conciba a la universidad y a los colegios que preparan al ingreso a ella como clubs o como “tierras de misión” – o como las dos cosas a la vez. Tan solo entonces cabra hablar de una relación entre la universidad y la sociedad, y tan solo entonces será oportuno proyectar una universidad eficaz, con ethos universitario, en la que los estudiantes y los profesores colaboren y diriman entre si las inevitables discordias de toda agrupación social, en la que no solamente se produzca efectivamente ciencia, sino se dé ejemplo de paz, solidaridad social y libertad. La universidad no es solamente el reflejo, sino consecuentemente el producto de una sociedad. Una sociedad discorde, un estrato dirigente dogmático y egoísta, miope y vanamente arrogante, solo puede admitir universidades y colegios que mantengan y profundicen esa situación. Es vano tratar de convencerlo de que “saber es poder”, porque tergiversará una vez más el sentido de los principios racionales como el de la “libertad de enseñanza”.


Rafael Gutierrez Girardot.
Fragmento - Universidad y Sociedad


ANDO ENDO
"Construyendo lazos entre UNiversidad y sociedad"

 

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